Hace cuanto que no sentía a la tristeza
quemando mi interior,
la carne deshaciendose en lágrimas,
la respiración bloqueada
por el sollozo estrangulante,
la vida como drenada de mis venas
al tener mis sueños secos,
desarmándose en partículas de polvo,
que se pierden vanas en las sombras
de mi realidad lascerante.
Hace tanto que el dolor físico no existe,
que se quiebra carne y hueso
en los susurros del viento,
a través de la tela indescifrable
que es la piel bordeando tu cuerpo,
o las preciosas gotas de sangre
que forman tus perfectos labios.
Y otra vez el dolor campaneante,
la cordura desahuciada
conformando el cielo de mi mundo,
con nubes de locura,
y a vos, como mi infierno.
El veneno sabe a tu pasión,
el silencio susurra tus palabras.
¡Cómo quisiera ver a esos ojos ciegos
diciendo "te perdono"!
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