Y si mirás el reflejo
en el opaco cáliz
de los ojos de fuego,
descubrirás que la eternidad
es un suspiro de consuelo
ante el deseo insaciable
de sumergirte
en ese néctar de nuevo.
Y si probás los sueves pétalos
rojos de pasiones
que forman su boca,
confundiendo los susurros
con caricias de ángeles,
la imaginación loca
se vuelve un juego
en los azares del contacto.
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